Retrato de Antonio Gades a lápiz, Madrid, septiembre de 1984, D. Abel
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Yo quería bailar flamenco, pero después de muchos años de estudio y esmero, me di cuenta que nunca llegaría a ser, ni muchísimo menos, lo que soñaba con ser : una gran bailaora, una mujer cuyo cuerpo fuese transformado y habitado hasta la médula por esa forma de moverse y de vivir el compás.
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