Dominique Abel

Escritora Proyectos

Yo Sólo Quiero Caminar

Cuando acerca su rostro, me devora, devora mis ojos, mi boca. Bajo esa mirada que me sondea, quiero permanecer entera, valiente. No tengo miedo de nada, y además ya es demasiado tarde, iré hasta el final. Es una especie de hipnosis pero me mantengo orgullosa, de frente, sólida, resistente, estoy lista, lista para todo. Quizás no está acostumbrado a que lo miren tan directamente: siendo él mismo una luz demasiado viva, veo cómo los demás lo contemplan a distancia, ya sea que lo admiren o lo consideren loco. Yo abolo todas las distancias de golpe, y creo que eso es lo que le asombra. Me sonríe y luego se inmoviliza por fin; conversa en voz baja con su primo. Su sonrisa es irresistible porque no esconde su deleite. Sin embargo, veo que quiere calmar ese ardor por conocernos. Sin perderme de vista, parece decirme: « Espera, espera, espera ».

El primer cigarrillo: la autora a los 7 u 8 años en Ardèche.